Hace unos días leía una comparación entre la “forma de gestionar música” de Prince y la de RadioHead, y nada ejemplifica mejor la diferencia entre música masiva y música social.
Trascribiendo un poco el artículo, la cronología comparada de los sucesos más recientes de ambos artistas es:
Junio de 2007: Prince utiliza la DMCA (sigla una ley norteamericana que criminaliza el uso de dispositivos, servicios o tecnologías que permitan el acceso libre a material con derechos; su nombre es Digital Milenium Copyright Act) para hacer bajar un vídeo de un niño de 18 meses bailando el tema Let’s Go Crazy. Los padres del niño lo demandaron recurriendo a la EFF (Electronic Frontier Foundation, una orgnanización que proteje los derechos civiles en el mundo digital).
Septiembre de 2007: Prince se prepara para demandar a Google, eBay y Pirate Bay por usar clips de su música sin licencia.
Octubre de 2007: RadioHead anuncia que pone su último trabajo para ser descargado íntegramente online (10 temas) por el precio que el usuario decida que es justo pagar por él. Una semana después, el álbum alcanza los 1.2 millones de desacargas.
Noviembre de 2007: Prince comienza a demandar a sus fans por crear sites con imágenes de él sin las licencias apropiadas. Muchos fans comenzaron a convertirse en sus enemigos.
Marzo de 2008: RadioHead lanza widgets de su álbum “In Rainbows” que permiten incluír o incrustar todos los temas del álbum, como así también contenido afín directamente en sus sites, blogs y perfiles sociales.
Abril de 2008: La corte rechazó el pleito de la EFF contra Prince. Ésta luego presentó una apelación.
Queda muy claro que mientras Prince se torna más y más cerrado, RadioHead parece comprender cada vez mejor las nuevas reglas del juego.
Me encanta este caso, esta comparativa, porque no es un caso obvio; no estamos comparando a Prince con Arctic Monkeys, una banda salida directamente de una realidad social, sino a Prince con RadioHead. Los orígenes de ambos pertenecen a la tradicional industria de la música, a la que identificamos aquí como “música masiva”; la diferencia entre ambos es que uno insiste en una dinámica obsoleta y los otros se logran adaptar y hasta sentar precedentes en el nuevo contexto.
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